domingo, mayo 26, 2013

no lo hace para ser feliz



si obvio, no estoy estudiando nada cuando le quedan más que pocos días a mi parcial domiciliario. cuando me pongo en pendeja forra no hay otra, eh. en otra porque sí, se me da la super energía sexual que se me sale se desbarajusta, no se qué hacer, te juro. me sobrepasa se me explota en el pecho escucho música sin parar y me sigo sintiendo incómoda, tomo una botellita de doctor lemon, bien de cheta, escucho música. sin parar. no se me pasa. pasármela así. y pasarla. pensar en que a mi siempre me gusta lo complicado y pensando en olvidarme inmediatamente. obvio, sí; se re puede. y más porque justo ahora no estoy creyendo en el amor. no creo, tarde o temprano lo manejás, y eso no es lo que nos enseñan del amor. ¿no? por tanto demasiado concepto para lo que somos capaces de soportar. además me cuesta más aún creer en la forma de matrimonio como esquema representativo del asunto, que los que se aman tienen hijos, trabajan, se besan los fines de semana, salen de paseo o de vacaciones y se lamen la entrepierna con sudor y lágrimas y se divorcian y vuelven a empezar todo el cuento de nuevo pero con otros tintes menos pueriles. jamás en mi vida, te juro, vi un matrimonio a gusto con su plan. un matrimonio de compañeros. no lo conozco. en fin.
por eso se ve que a mi se me da por proyectar todo afín con lo sexual. así que si, si la quiero cortar, la corto. no es nada del otro mundo. pienso en otra cosa y ya. ¿no? se me pasa. pero pasa que no quiero. pasa que se ve que en el fondo me gusta. y además sé que se me pasa cuando empiezo a verle las contras. se me pasa solo. a veces con metida de pata de por medio, igual. las mas de las veces. pero bueno. me gusta. se ve.

miércoles, mayo 22, 2013

ridícula perversión


con la cantidad de cosas que hay para salvar vamos a estar salvando millones.

En el programa de Susana Gimenez, ostentación y frivolidad en su máxima y vulgar representación. Sin detenerse en pormenores podemos verlo con los ojos de la irrealidad, hablando de Messi y de la Reina, hace unos momentos, como para no quedarse atrás, comentó que el representante del chivo que siguió, le había regalado un cetro restaurado. Susana en el living, con Gasalla, la abuela, que previamente al sillón en el que se sentó con ávida zambullida propia de una señora con los "meñiscos reventados" como bien dijo más tarde; caminó de un lado a otro desde el fondo del estudio, momento en que ningún presente pudo no recordar el final de Esperando la Carroza, hasta llegar donde la diva.
La imagen que nos ofrece Gasalla es la ficción, nos da la pauta la bolsita de las compras colgando de su brazo derecho que descontextualiza su presencia en el programa, busca el carácter de visita de entrecasa como quien no pudiera hacerse la pregunta de, por qué las papas y los tomates cuando se esta yendo a un programa de televisión, a las once de la noche aparte. Su vestimenta acompaña el concepto, ni de gala ni mucho menos, la mañanita en sus hombros hasta tiene algunos agujeros. Su actitud no acompaña tanto este aspecto cuando se despacha con chascarrillos del estilo "a propósito del dia del clítoris: al mio, de paso lo saludo". Susana en su ingenuidad, le hace la partener, pareja con quien adquiere más gravedad su estúpida ignorancia. Acaso aunque así sea, bien podría con su edad Gasalla y si nos olvidáramos que hace veinte años que la actúa, encarnar a una contemporánea. Lo mismo la platinada.
Pareciera entonces que olvidamos que, entre ellas (y a pesar de la caracterización de la abuela, la que a Antonio desde que la encarna, le suma cada vez menos;) no habría mas que unos cuántos años. Y sin embargo, en medio de ese sillón inmenso todos los televidentes vemos por lo menos, una generación de diferencia.
Una es un estereotipo de una abuela que ya, nos queda pacata. La otra es un estereotipo que también sostiene hace ya varias décadas pero de ninguna manera, y aunque su edad lo sugiera, longevo.
Lo pensamos y volvemos la vista al televisor, pero peor, seguimos viendo esos veinte años a lo menos de diferencia en medio de ese sillón. Cada vez vamos quedando menos. La fama hoy día pareciera jactarse del pasado, manoteando polietileno a cambio de millonadas por la experimentación de otros que cagándose en lo hipocrático de su profesión y sin buscar más fruto que los verdes que brotan de los bolsillos pudientes, puedan soñar con mejorar el método sin ningún otro fin aparente que engrosar su cuenta bancaria en las Bahamas. ¿Y que obtienen ellas a cambio? ¿Acaso retrasan la muerte?  O es que solo ganan el concepto de la juventud poniéndose en cara la gracia de esos gestos de dinosaurio que las hace ver como caricaturas mal dibujadas.
Gasalla aqueja, ironizando hasta la brecha que en teoría las divide, que "la vida no es corta sino que no termina más". Nada significativo. A propósito del temita de las rodillas, la abuela vuelve a insistir: "no estamos hechos para vivir tanto". Susana en tanto confiesa ante miles de espectadores que para estar flaca come una vez por día, y de paso se queja de que 'nadie le avisó' del día internacional del clítoris, pensando que quizás hace bastante que se le olvida festejarlo. "Claaaaro -la tolola entiende más tarde, en conmemoración a las mujeres...  a las de oriente y todo eso".
Apenas vislumbré este vacío generacional literal que junto con ellas ocupaba el sillón, no pude no pensar, que si Marx se levantara, además de pensar que no entendimos nada, se volvería a desmayar iso facto comprendiendo entonces que el concepto de mercancía, le habría quedado tan corto.
Y sí, aunque no venga del todo al caso, lo busqué. Gasalla es mayor, claro, tres años.