jueves, abril 24, 2014

lo que no escribo



y como no puedo escribirte en verdad, suplo la diferencia regando por todos los lados que puedo toda esta absurda existencia. me hubiera gustado que no fuera todo un rollo, que no fuera tan terrible. me hubiera gustado que quisieras. confieso, me hubiera gustado la gran historia de amor, obvio, pero ya sé, porque a mi, no es la primera vez que me pasa; quizás por eso la liviandad de género de mi parte, ¿ves? aunque no lo supieras, yo me ahorré el decírtelo, eso me mató. otra vez lo mismo. otra vez igual. o aunque fuera, a lo mucho, parecido. lloré tanto de este lado de la pantalla, lloré a los gritos, lloré la pena de todo lo escondido, yo despatarrada, atónita, sin poder creerlo. y llorando el final de algo que nunca tuvo ni el principio.

y ahora creo, que si en realidad pienso que todo está perdido no es necesario que no diga todo esto. quizás esta vez logre convencer a alguien más de que intente en la práctica lo que las entrañas gritan, que las verdades no se eligen, no se asumen pero tampoco se contradicen. a.: nosotras hicimos algo para que estas cosas no pasen.


no quiero decir dos mil diez, pero lo digo. no se qué pasó ni cómo, pero apenas empezó este año sentí que aquello de hace tres años se desató. lo que estaba controlado se descontracturó. no porque pasáramos tanto tiempo juntas, no sé. de ratos me atacaba un acceso de ternura, o protección. o querer complacerte en todo lo que podía. decirte cosas lindas. estar cerca.
yo estaba de lo más tranquila, te juro. de lo más tranquila. yo estaba bien, muy tranquila, como hasta mitad de año. hubo una siesta que quise dormir al lado tuyo y no más, y sí, sabía que algo sentía pero no me preocupaba, para mi no existía la posibildad ni remota de plantearme siquiera nada que estuviera en la esfera de lo real. lo sentía. pero ahí se quedaba. nunca salía del momento en que ocurría. real. con vos ahí al lado, en vivo y en directo. era una sensación y luego, se desvanecía. duraba lo que mi reflexión al respecto, y nada. no estaba más. no la llevaba pegada a la espalda, ni la traía a mi cotidianeidad. terminaba donde empezaba. en el momento justo en que ocurría.
pero hubo dos momentos, dos momentos en que creí pensar que algo me querías decir. perdoname, pero sentí que estabas intentando decir algo. que querías que me enterara. o por lo menos que lo pensara. con ese mensaje a las cuatro de la mañana, no solo por el horario, si no lo que decía y el encabezado. y después el tema ese, y alguno de los que vinieron después. así sin más, sin explicación alguna y un día a la mañana. y confesar más tarde lo que creías que decía. perdón; pero porque me hiciste pensarlo fue que se resbaló de mis manos. empecé a enloquecer. traía todos tus recuerdos a mi casa, a mis ratos libres. traía las dudas, tu sonrisa, la inquietud de si algo pasaba. cuando iba en el bondi pensaba en vos. en todo. después empecé a soñar. empecé a querer entender la cantidad de años que te llevaba y a pensar qué estaba haciendo yo a tu edad.

te quiero a., te quiero de verdad e infinitamente. te quiero como a nada nadie nunca. quizás porque creí que habría una posibilidad, aunque fuera una sola y estúpida posibilidad fue que me permití sentirme así, que permití que me pasara todo esto.
tengo una pena terrible anclada en el pecho. tengo todo lo que sentía aplastado y sin digerir en el centro del estómago, colgando del píloro, atravesado en medio de todas las comidas del día. no quiero esto. no quiero esto para mi, pero ya dije, algunas cosas no se pueden elegir. estás, para mi, todo el tiempo acá. no te vas. das vueltas alrededor mio, caminás por los pasillos de mi casa, te quedaste pegada a ese lado de mi cama, de espaldas, haciendo por primera vez algo claro, como queriendo decírmelo, gritarlo, que se me reviente en la cara.
ojalá pudiera expresarlo, ojalá pudiera decir yo y con palabras transparentes lo que me pasa. toda esta cosa que siento. que no quiero así, que si no puedo no quiero, y creéme que me sorprende tanto que sea por vos que no puedo siquiera pensar en que me este pasando, que todo esto me esté pasando a mi. me siento de a ratos casi estúpida. no distingo la realidad. ni tampoco se qué pensar.



no quisiera por nada estar en tus zapatos, aunque tampoco quiera estar en los mios: cuando algo te sorprende, cuando creés que estaba controlado y un pensamiento estúpido arruina todo lo que antes estaba tan bien ordenado. no se elige lo que pasa, y perdoname, pero ya està pasando. y para mi lo que antes era incertidumbre ahora es una pena enorme hinchada llena de todo lo que no va a pasar a lo largo y a lo ancho de mi vida cotidiana.
te quiero con lo que soy, es todo lo que tengo. te quiero de verdad. lo siento y a veces lo lamento. lo siento. lo lamento. lo siento, que podría estar dispuesta a mucho solo por la promesa de un segundo. de un solo beso.






como si no me importara más que nada

te disparé mi abrazo.


sentadita en la esquina de mi casa, no tenía casi voluntad para agarrar las llaves y entrar. me bajé del colectivo y esperé que se fuera, caminé a un lado y a otro y, cuando me aseguré que no podía verme me desplomé en la esquina, tres o cuatro personas se me acercaron para ofrecerme ayuda y yo ni podía parar de llorar para decirles que no, gracias, que nadie puede hacer nada no por mi, si no por este dolor que siento. ni yo. la tristeza me cuelga en todos los rincones, y no hay diván que arregle nada de todo esto.
me quedé acurrucada llorando y sin pensar en nada, era la tristeza que brotaba; verla así, tan que no quiere ni pensar. y yo tan que no se qué hacer. que no sé. que me duele desear que nada de todo esto hubiera sucedido. desear no haber dicho nada, callarme la boca, porque ahora ya no puedo hacer nada por ella y no sé qué duele más. si la culpa escondida por habérselo dicho o verla llorando y desesperada porque no quiere enfrentarlo. a mi también me gustaría creer que puedo escapar. me gustaba creerlo antes de saber que no se puede. pero hoy, sentada en la esquina, no me hizo falta verme al espejo para entender que ya no tengo quince años, y que ya soy grande y que ya sé que no se puede escapar.
cuando se alejó el cuarto en ofrecerme ayuda, me levanté y pensé que en esta ciudad que ni la dejan llorar a una tranquila. qué injusticia la debilidad, que la tristeza a veces, no te deja ver nada. me levanté y cargué veinte pesos en mi celular. entré al edificio, buenas noches al portero y subí a los trompicones por el ascensor, lloré mientras corroboraba en el espejo que ya no tengo quince y que ya no quiero llorar más por lo mismo. que quizás la quiera como nunca quise a nadie, pero que ya no vale ni la pena pensar.
sentí cómo toda la tristeza me tomaba el cuerpo por completo, sentí irse de a una las ganas de hacer lo que pensaba hacer al llegar a mi casa, sentí cómo caía de nuevo en la angustia de sentirme otra vez insoportablemente mal. sentir esa tristeza y que nada alcanza, que nada puede tapar esa falta, que no me quiere o que, a ella tampoco le alcanza alcanza. sentí la tristeza porque, otra vez, no sé la verdad.
abrí la puerta de mi departamento y me resistí a lo mismo de siempre, a yo deambulando y llorando por toda la casa sin saber qué hacer. le mandé un mensaje y me contestó. después de media hora le mandé uno más y ahi sí, me quedé sola otra vez. sola en mi casa llorando, prendí un palo santo. eché el humo blanco por toda la casa, prendí el hornito de esencias con una de melissa y me senté y me fumé un cigarrillo mientras sentía como el humo entraba y tapaba todo, absolutamente todo lo que no quiero. autodestrucción en on cada vez que siento que no puedo hacer nada para cambiar las cosas. y estar sola. sentirme tan poco digna de compartir mi vida con alguien, tan desgraciada, tan triste. tan abyecta de recordar la sensación que tuve, mientras lloraba en la esquina, cuánto deseé que volviera corriendo por la vereda de enfrente, que se hubiera bajado del colectivo, que se arrepintiera, y que todo esto se termine. que se termine ya.

ningún lugar



te extraño y te amo, extraño el recuerdo de la promesa. de que te importe mi dolor, lo que te prohíbo y lo que te regalo todos los días: desde que me levanto, todo el tiempo, es involuntario, es una desatino: trato de apartarme, trato de olvidarme y así evitar despertarme como una zombie, llorando, caminar como una idiota por la calle, llorando. llorar día tras día sin discriminar circunstancias.

si no estoy no estás


llena del vaso medio vacío.


por lo menos hace un mes que no tomo falopa, pienso. por lo menos puedo decirle que pensé una sola vez en ella en el día. aunque le mienta. por lo menos todavía puedo hacer creíbles esa clase de falacias.
soy incapaz de sentir nada más que el dolor que acarrea la ausencia que me late en el pecho en lugar de mi triste y desnutrido corazón. quisiera muy profundamente poder aceptar la realidad, quisiera haber sabido antes de mi seria incapacidad de aceptar lo que no puedo cambiar, quisiera seriamente ejercer la indiferencia, quisiera encontrar todas las respuestas, o por lo menos pensar, siquiera imaginar que vale la pena al menos, intentarlo. que vale la pena levantarme a la mañana aunque se me oprima el pecho pensando que ahora el día se volverá más largo. me gustaría pensar cuando apago el despertador y pienso en desaparecer del mundo, que puedo hacer el esfuerzo de creer que, por lo menos, con cada lágrima que se derrite por mi cara y se evapora antes de llegar al suelo, la realidad queda un poquito más aceptada.
quisiera inclusive, no creerme todas las mentiras que le digo. que no la extraño-que no la quiero tanto. que no me quiero morir diez veces por segundo de solo pensar que no va a ser nunca.

quisiera dejar de recopilar palabras estúpidas y catárticas y no-bellas sobre ella. dejar de hacer un memorandum desprolijo e inutil de todo lo que la estoy llorando.


tu nombre rebota 
en las paredes del cuarto 

pero pasa que no estás

domingo, abril 20, 2014

todo va a tener que ver con vos


lo único que hay que hacer es aceptar. aceptar, parece fácil. aceptar aceptar. aceptar, hasta en la sopa. pensar y aceptar. qué.¿ la realidad ? aceptar el final. aceptar. es lo único. parece fácil. es lo único que hay que hacer, eso. aceptar y no hacer nada. más que aceptar. es sencillo, parece fácil. es todo lo que queda, ya no hay más de lo que hay. lo que se ve es otro tema, no ayuda con eso de aceptar. ¿qué es lo que hay que hacer? aceptar. ver la puerta y tomártelas. es una pavada. aceptar. aceptar. es lo que hay que hacer. lo único.aceptar. y aceptar aceptar. verla y no querer escapar ni salir corriendo, no. hay que aceptar. sí. eso es lo que hay que hacer, lo único que hay que hacer. eso, no hacer nada. solo aceptar. no perderlo de vista: aceptar. es un ejercicio. hay que hacerlo. parece fácil. es sencillo. nada más que aceptar. sí. eso. aceptar. no escapar. no mentir. no vacilar. solo aceptar. cueste lo que cueste. parece fácil, es nada más que eso. ninguna cosa más. aceptar. aceptar. aceptar. aceptar. aceptar. aunque te quieras sacar el cuerpo de encima cada vez que pensás que no queda mas que hacer, más que aceptar.