lunes, julio 14, 2014

intento uno



me senté decidida pero empecé a mariconear apenas puse play en el youtube elegido. al lado de mi lista de muebles a vender, tiesa, con el mate medio frío, el puchito armado sobre el cenicero recién vaciado. mariconeé. como vos, como siempre. pensé que ahora, que siento que ya no me duele tanto, que puedo decir que ya no lloro más y decirlo sabiendo que digo la verdad, que no es lo mismo que mentir; que muchas veces pensar en vos y en el triste recuerdo que me va quedando me provoca una sensación de aversión, parecido a lo que siempre me imaginé que sentiría sometida al antiguo tratamiento psíquico que ridiculiza la naranja mecánica, ahora que se que estoy más entera, quizás esté dispuesta a decir la verdad. quizás toda esta aversión sea un estúpido mecanismo de defensa, o quizás, no te quiera tanto como creí, no te quiera lo suficiente como para hacer la vista gorda. como para justificar no solo lo que decidiste sino, la manera en que lo hiciste, deseando escapar, negar, no ver, no hablar, inclusive a pesar que no yo no quisiera, a pesar mio me dejaste sola.
cuestión que me senté con la decisión en las manos porque se que no querés hablar, pero también pensé que yo quiero saber. los fines no los voy a discutir porque creo tener derecho a la verdad y porque se que no lo vas a entender, "no seas dramática" me dijiste una vez por whatsapp como si vos tuvieras derecho a aconsejarme o, mejor dicho, a rebajar mi pena merced de tu cobardía. justamente ese es el problema, me dice mi psicóloga cada semana: "hace falta aceptar". hace tiempo escribí algo al respecto, para que sepas: no puedo. tengo serios problemas para aceptar lo que no puedo cambiar. lo que depende de los demás, lo que me deja inerme frente a mis enemigos. de alguna extraña forma, vos te convertiste en uno. entonces ese día, sí que no tenías ni media razón para decirme aquello. seguramente vos estás regia y yo hace meses que soy una piltrafa de persona, pero obvio, ese es mi problema. quizás vos también quieras saber la verdad aunque no tengas agallas para poner la cara. pero yo no puedo aceptar las decisiones que, juzgo erradas pero que, toman los demás. el problema de mi vida. acaso si ese día antes de decir terrible barrabazada hubieras estado dispuesta a escucharme, no hubieras metido la pata hasta acá, responsabilizándome a mi del mal que me estabas haciendo a conciencia y solamente para protegerte; no hay perdón que valga cuando se le hace mal a alguien a sabiendas y a propósito. porque cuando cierro los ojos antes de irme a dormir, estoy sola con mi pena y con esta mierda. estoy sola para esto y por esto. estoy sola olvidando porque vos elegiste negarme, y creyendo que, o el mundo es una mierda o la mierda soy yo. o que tengo razón o estoy errada hasta la vesícula. o que la injusticia de los débiles se toma revancha solo conmigo o soy yo la loca que anda empecinada con cierto tipo de persona que no tiene nada que ver conmigo.
si querés la verdad, quizás si, me vaya por vos. mi vida se transformó en insoportable desde tal día de diciembre. insufrible. una mierda. un garrón. hace meses que no disfruto absolutamente nada, que el autoboicot es moneda corriente, que me arruino la salud a propósito porque se que no hay nada que me pueda hacer sentir mejor, entonces, por qué insistir. entré en una depresión galopante que nunca en mi vida, la depresión de las depresiones, y aunque no pueda echarte la culpa de eso lo intenté durante más tiempo del que hubiera querido. sos muy chiquitita para ser culpada por terribles cosas, por la plata que me gasté en falopa, por lo dura que estuve a las diez de la mañana pensando como llegue hasta acá, sos muy chiquitita e inocente para ser culpada por mi estupidez, por yo llorando en algún cordón boludo de plaza italia, toda dura, toda golpeada, toda adolescente deprimida cuando ya hace rato que terminé la escuela. quizás me vaya porque fuiste la última gota del vaso. y quizás por esa misma razón es que no quiero volver a verte.